martes, 3 de noviembre de 2015

R.R en INDIAS/INDIES

Mi relato R.R (Rehabilitación Real) acaba de publicarse en la revista INDIAS/INDIES, dirigida por Sofía Castaño y Aixa de la Cruz. Desde este rincón mi agradecimiento y enhorabuena por crear este espacio literario bilingüe. El número de octubre va dedicado a aquellos escritores que una vez vivimos en la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores. Hay de todo: experiencias personales y cuentos.
      Si somos, como dice mi buen amigo Mario Nicolás Egido, en su Prólogo para una novela que no será escrita, las personas que pasan por nuestra vida, en parte. También en parte, nosotros, los que leímos en esa gran biblioteca, o nos tumbamos en los sofás, o deambulamos por los corredores durante la madrugada, o dejamos pasar el tiempo en el mirador, o deshojamos barbacoas, somos el eco de los que pasaron anteriormente: los cuadros y esculturas que allí quedaron, las botellas enterradas en el jardín, las mitologías y los secretos, la cicuta salpicada en las paredes, las conversaciones y encuentros que fueron y han continuado multiplicándose.

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domingo, 25 de octubre de 2015

NOCTURNO DE EDUCACIÓN


La madrugada enfría el despacho. Escucho los nocturnos de Chopin mientras pienso en mis amigos del colegio, del instituto, esos que coincidieron conmigo por azar. Al lado tengo la novela de García Márquez: El coronel no tiene quien le escriba. Ese personaje, ese coronel que pertenece a una clase militar, que luchó por su patria, por unos ideales y valores y ahora languidece esperando su pensión durante quince años. A su único hijo lo mataron. Lo asesinaron; lo asesinó un soldado, pequeño, aindiado, con mirada infantil. El coronel abre el tarro de café y comprueba que no hay más de una cucharadita. Retira la olla del fogón, vierte la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspa el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprenden las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.
            Mientras esperaba a que hirviera la infusión, sentado junto a la hornilla de barro cocido en una actitud de confiada e inocente expectativa, el coronel experimenta la sensación de que nacen hongos y lirios venenosos en sus tripas. Es octubre. Hoy también es octubre. El coronel vivía en Colombia. Yo en España. Pienso en mis amigos del colegio público Pablo de Céspedes, en mis amigos del Instituto público Fidiana. Pienso en esa sensación de palpar el tiempo que se escapaba sentado en un banco de madera mientras las personas cruzaban la plaza y tú permanecías ahí, observando, sintiendo el tiempo en el barrendero, en el mecánico enroscando algo debajo de un coche, en la profesora vigilando la fila de niños alegres y nerviosos que miran los adoquines y la fuente como una nueva aventura. Será Chopin con sus silencios o repentinas exaltaciones; quizás sea el coronel cuando le dice a su mujer que el gallo no se vende, que comerán mierda antes que venderlo a su compadre Don Sabas, antiguo compañero de armas, el que vive en la casa con dos plantas y se muere de diabetes. Será el frío de la madrugada. Será que pienso en el sudor y en las clases de filosofía y en los codazos y en algunos libros y en el tiempo de los carteros y en el tiempo de las farolas encendidas durante la noche. Será que hoy he visto el programa de Salvados sobre el colegio de El Pilar y pienso en mis amigos y pienso sobre una de las intervenciones de Luis Enrique Otero, Decano de Geografía e Historia de la UCM, que decía que el Franquismo y la Iglesia Católica tuvieron muy claro el control del sistema educativo. Que la élite leyera a determinados autores no era negativo. Porque era necesario para tener una buena formación. Que a Machado o a Miguel Hernández lo leyeran en El Pilar no generaba problemas. Pero a lo mejor que leyeran a Miguel Hernández en Vallecas ya era más problemático. Me nacen hongos y lirios venenosos en las tripas. El azar de la amistad y el azar de la élite. El coronel y la mujer comiéndose la comida del gallo para almorzar. Chopin acompañándome, intentando subrayarme. El engaño de la ideología. El coronel alimentándose de sus valores. El poder de la herencia y el dinero. Estoy aquí sentado, orgulloso de ser escritor. Orgulloso de haber descubierto y saboreado el tiempo, ese tiempo sin números ni menciones honoríficas, ese tiempo de presencias imperfectas de hombres y mujeres imperfectos. Orgulloso de haber leído a Machado y a Miguel Hernández después de haber visto las grietas de las manos de mi padre, el cocido a las nueve de la noche y el cansancio. Chopin parece que se relaja; sueño con que el coronel, el próximo viernes, reciba su pensión y pueda ir al cine con su mujer. La herencia social, la herencia histórica, la herencia del dinero y el poder. Nuestra herencia muta. Antonio y Miguel perduran. A partir de hoy me aprenderé de memoria más poemas de Antonio y Miguel para recitárselos a mi hija. Algún día, cuando el tiempo del lenguaje y las risas nos abran sus puertas, le describiré, milimétrica y cariñosamente, cómo eran las grietas de las manos de su abuelo; donde cuidaba cabras su bisabuelo y el camino que seguía para subir a la sierra a hacer picón para la semana y calentar el invierno; bajo qué edificios se extendían los campos de algodón donde su abuela, que abandonaba el colegio durante la época de recogida, arriñonada, conoció a su abuelo, por azar, por ese azar verdadero que el tiempo del sudor nos regala. 

Os dejo el enlace del programa Salvados:

miércoles, 19 de marzo de 2014

Entrevista

Os dejo el enlace de la entrevista en Radio Córdoba:


http://www.radiocordoba.es/facebook/libro_Salvador.mp3

Los justos, Albert Camus

Aviso a navegantes: a continuación se desvelarán varios diálogos fundamentales entre los personajes de la obra. Magnífico el personaje de Dora.

(Página 52-54)

Dora:  ¡Aguarda! (A Stepan) Stepan ¿Tú podrías disparar con los ojos abiertos y a quemarropa sobre un niño?
Stepan: Podría, si la Organización lo ordena.
Dora: ¿Por qué cierras los ojos?
Stepan: ¿Yo? ¿He cerrado los ojos?
Dora: Sí.
Stepan: Entonces ha sido para imaginarme mejor la escena y responder con conocimiento de causa.
Dora: Abre los ojos y comprende que la Organización perdería sus poderes y su influencia si un instante tolerase que unos niños fuesen destrozados por nuestras bombas.
Stepan: No tengo estómago suficiente para esas bobadas. Cuando decidamos olvidar a los niños, ese día seremos los amos del mundo y la revolución triunfará.
Dora: Ese día, la revolución será odiada por la humanidad entera.
Stepan: Qué importa si nosotros la amamos con la fuerza suficiente para imponerla a la humanidad entera y salvarla de sí misma y de su esclavitud.
Dora: ¿Y si la humanidad entera rechaza la revolución? ¿Y si el pueblo entero, por el que luchas, rechaza que mates a sus hijos? ¿También habrá que castigarla?
Stepan: Si es preciso, sí, y hasta que comprenda. También yo amo al pueblo.
Dora: El amor no tiene esa cara.
Stepan: ¿Quién lo dice?
Dora: Yo, Dora.
Stepan: Tú eres mujer y tienes una idea desdichada del amor.
Dora: (Con violencia) Pero tengo una idea justa de lo que es la vergüenza.

(Página 80)

Dora: ¡La paz! ¿Cuándo la encontraremos?
Kaliayev: Al día siguiente.

(Página 82)

Stepan: .... ¿Le quieres?
Dora:  Se necesita tiempo para amar. Y nosotros apenas tenemos tiempo para la justicia.


(Página 110)

La Gran duquesa:  Yo no soy enemiga tuya.
Kaliayev:   Lo es, como todos los de su raza y de su clan. Hay una cosa más abyecta todavía que ser un criminal, y es forzar al crimen a quien no está hecho para el crimen. Mírame. Le juro que yo no estaba hecho para matar.

(Página 123)

Dora: ¡La muerte! ¡La horca! ¡Otra vez la muerte! ¡Ah, Boria!
Annenkov: Sí, hermanito. Pero hay otra salvación.
Dora: No digas eso. Si la única solución es la muerte, no estamos en el buen camino. El buen camino es el que lleva a la vida, al sol. No se puede tener frío siempre...
Annenkov: También eso lleva a la vida. A la vida de los demás. Rusia vivirá, nuestros nietos vivirán. Acuérdate de lo que decía Yanek: "Rusia será hermosa".
Dora: Los demás, nuestros nietos... Sí. Pero Yanek está en la cárcel y la cuerda está fría. Va a morir. Tal vez ya haya muerto para que los demás vivan. ¡Ah, Boria! ¿Y si los demás no viviesen? ¿Y si muriese por nada?
Annenkov: Calla.



Los justo; Albert Camus
Alianza Editorial, bolsillo, 1982. 
Título original 1949.
ISBN: 84-206-3695-9